La mente curiosa divaga mientras conduces. Un ojo vigila el retrovisor, el otro va haciendo el recorrido entre árboles y montañas, líneas blancas continuas y discontinuas, chapapote, cunetas….
Mantienes un diálogo con las estrellas, con cada una de las estrellas. Por la cabeza se cruzan nombres, Joyce, Walser, Nietzsche, El Superhombre, el caballero de la fe, la existencia cualsea. Tú eres cualquiera, la existencia sin fe. Ahora entusiasmado, ahora pesimista. Todo menos estar en el paisaje. La radio habla de crisis, palabras, palabras… Existes en crisis. Mantienes silencio y ¡qué silencio! Por dentro ardes, si lo dijeras todo te reventarían los dientes con el solo golpe del aire. Callas, rezas. El silencio, para el exterior, es enfado. ¿Qué te pasa?, ¿en qué piensas? No puedes hablar esperando el momento mágico en que el momento se trasfigure en luz. La luz de las palabras. Siguen las líneas blancas, el retrovisor, el buen estado de la carretera, los árboles y las cunetas llenas de recuerdos basura. INTROIBO AD ALTARE DEI (Ulisses). La velocidad no importa, los pensamientos te adelantan, como algún coche. 100-110-120. Distraído. Piensas en el egoísmo, ego-ismo. Amor por sí mismo. Bien todos estamos ahí. Distracción. Al otro día ya no es el mismo tono. Todo tiene un hilo conductor. Helaba por la mañana. Estoy en la cáscara de las cosas. Otra pausa. Mañana de niebla y espera. Carnaval. Fiesta de disfraces. Lugo. Solo diversión. El metro de Tiqqun. En fila india. Enfilados de uno en uno. Ordenados. Bloom. Su paseo por las calles de Dublín. Su pensamiento interior. Música contemporánea para el hombre contemporáneo. En el exterior moda y publicidad. Interior, motor de coches. Has oído la noticias mil veces entre los sueños de la mañana. En el duermevela de las primeras horas. Me levanto saturado de información. Opiniones, ¿quién opina? Es lo de menos. Dimisiones, crisis, soluciones, confusión. Programas y más programas. Mires a donde mires, televisión. Mis ojos estallan en mil trozos de imágenes, tertulias a medias, el tiempo, superman, 24 canales y son sólo las 10,30 de la mañana. No hay excepciones, todo es regla. Sé que envejezco cuando veo al otro envejecer. Los ojos de los efectos especiales. El otro es la televisión. Los hoteles son el refugio de los extraños y los hoteles de carretera redoblan esa sensación. Siguen buscando a la niña en el río. El espectáculo sigue en directo. La única noticia es que la niña ha muerto. Hoy toca fiesta de la información. Se inventa la novedad. No saben nada. Todo se olvidará pronto, como siempre, menos el dolor de los padres. La patraña del derecho a la información. Nuestro cerebro es una licuadora donde se meten trozos de fruta, para que todo circule con devoción. Pocos daños colaterales. Todo masticado. Los hoteles agudizan el desvalimiento ante la muerte. Hipersensibilizan la soledad. La muerte y sus fantasmas bajo los ojos de extraños. Se busca la familiaridad en los hoteles, por eso el hombre que viaja va a los mismos sitios. Tuteo y crédito.
Autovía de Barbanza. Bach. En contacto con un dios. Cemento. Desmontes. Velocidad. Me retienen las suites de cello. ¡Qué bien le queda a Bach un día soleado! Tiqqun y Corcubión. Bloom distraído. Se y Uno en guerra con la naturaleza, sin fisuras. Bloom disperso. Se y Uno irresponsables. Yo contagiado por Bach. El destrozo parece menos con las suites de cello. El daño a la tierra parece menos. Me desoriento a veces ante la igualdad de las autovías. Vuelvo a la lentitud del maestro. El coche me lleva en un viaje interior. El coche ampara mi ausencia. Bach nos permite la desaparición y las preguntas interiores. Bach es una religión. La primavera es unos muslos desnudos de mujer. Bach y los circuitos de mi cerebro. Conexión directa con dios. Forma de belleza. Sin interlocutores. Sólo el turista no piensa en la muerte. Un amigo me decía ”Cuando voy a un país extranjero pienso en la muerte y ya soy uno de ellos, me cambia la mirada”. Ser turista es querer liberarse de la muerte, no sufrir. Los países no son museos. (Abril,2009).
miércoles, 28 de octubre de 2009
cuaderno de viaje
martes, 27 de octubre de 2009
Ojos
Ojos de televisión, mirada invalidada para el directo. No repetición de la jugada. Ojo veloz para la lentitud con que una hoja cae del árbol. Ojo veloz para la imagen detenida. Sin parpadeo mientras la luz ilumina la lluvia. Mirada distraída en mil pedazos de la realidad. Marcador, público, charla, luces, música, jugadores, árbitro. Ojos de televisión irritados por sus luces. Ojo lento. Solo enfocado a mirar en el silencio de los hogares o en el ruido de los bares. Un gol desapercibido. Otro espectáculo como si un cuadro multitudinario se empezase a mover. Sensaciones para un ojo nuevo. Desenfoque.
la noche
Tranquilo, como el sueño de un muerto. Reposado como un rostro sin gestos. Dormido para siempre, en un descuido. Su última palabra y ya la noche. La noche de plomo. Sin música para siempre. El silencio a cuatro mil metros de profundidad. Piel de cera. Frío recuerdo del calor. ¿Qué ha pasado? Nada. Un instante entre el mar y la tierra. El recuerdo es una molécula de sangre seca. Día y medio para desaparecer. Un momento de dolor y ya está, como cuando nos preparábamos para una inyección. Sé valiente, nos decían. Las palabras quedan debajo de las piedras del río. Adornando la vida. Ninguna palabra basta. Hablamos en un pozo y las palabras se nos caen en el infinito.
principio
A punto de realizar la labor. Perder la memoria para recobrar otro ser. Ser padre, principio. Construir algo por lo que se recuerde. En beneficio de todos. Intentarlo. Ceñirse. Borrar los rastros accidentales y dejar lo principal. La tierra. Sin ser el centro del universo. Recobrar el equilibrio de lo antiguo. Desaparecer con una filosofía anónima, como tantos otros. Dos generaciones y extinguirse, como un ave que pasa a lo lejos. Ser un punto y después nada. Multitud de anónimos, sabios anónimos. Sin ceñirse coronas. Símbolos de espinas. Muchos murieron antes y después. Solo pensar como un náufrago. Fuera del barco. Besando la tierra lentamente, besos de terciopelo. Todos morimos el mismo día. Una belleza se viste de amarillo para salvarnos. Al fin y al cabo las flores se pudren en las manos .
win el ganador
Mertens el ganador: Vino a llevarnos en su tabla de wind surf por los vientos suaves de una playa inexistente, con su cara de niño, a engañarnos con sus sonidos repetitivos. El mismo truco repetido hasta la saciedad.
El eterno femenino de Win Mertens vino a enfangarnos en nuestro provincianismo, como si de la “Vida es bella” se tratase. Convirtió nuestra vida por unos instantes en una idiotez al alcance de todos. La licuadora estuvo funcionando dos horas sin lograr en ningún momento emocionar. Algunos políticos asistentes que practican el deporte de la ola, salían emocionados. Claro, la simbiosis era evidente. El viento helado del norte nos congeló los sentimientos. Mertens es la banda sonora de nuestra política mediocre, por algo es belga. El campeón le pone música a nuestra estupidez.¿Por qué no hay ningún misterio en tu música?¿Dónde has dejado tus inquietudes?¿Encefalograma plano? Ya que nos aburrimos, no queremos que ya nada nos inquiete. Fiel aliado de la globalización mental. No veía el momento de irme: uno sigue siendo educado, aún a costa de sudar frío y revolverme en el asiento. Música en envoltorio de vaselina para amantes visuales que evitan el cuerpo a cuerpo. ¿Qué tienen que ver tus notas con nuestra alma de metal? Sin embargo, me dejaste una noche rica para el pensamiento donde observaba una mirada de adolescente admirada ante un grupo de jóvenes que cantaban canción protesta con convicción y risas. Se divertían y amaban. Pasaron más ángeles en esos momentos que en las dos horas de tu música gélida. Adiós, Win de Marte.(30/5/09).
habitacion 241
No me devuelvas tantas miradas. Habitación llena de ojos. No hay olvido físico. Disimulo, dentro de la habitación. Para donde miro el espejo me devuelve el tiempo. Bromeo. De frente parece que el tiempo no pasa. El castillo se desmorona. Tantos espejos no pueden ser buenos. Cuento hasta seis, grandes , pequeños, espejos puertas, tipo lupa. Están preparados para fotografiarte. Como contrapunto, el balneario. ”Hay que ralentizar esta decrepitud”, me digo. Un masaje, un baño. Menos mal que no hacen una radiografía del cerebro. Espero que él esté joven. La gran madre de todos los espejos en el cuarto de baño, enorme, insultante. Me escudriño para perdonarme. Pero todo está preparado para desconocerte y darte un baño de salud. Busco la ropa salvadora que tape tal desaguisado.
Intento guiñarme un ojo de complicidad. ¡Un grano en la cara! ¡Un grano perpetuo! ¿Quizás una limpieza? ¿Para qué? Mañana persistirá el desastre. No tienen piedad. Soy una geografía caótica. Para donde miro ¡YO! Un insulto a lo común. ”Bueno, les pasará a todos”, me digo. Pero todos no esta allí.
Espejos paridos por la gran madre baño. Solo el retrete nos salva de esta bomba atómica.
Busco compasión en el amor y le interrogo:
-Los espejos mienten ¿verdad?
-Si hombre, no estás tan mal. Te lo digo yo.
¡Salvado!
Una vez solo, el insulto continua. Todo está calculado para el escupitajo. El espejo te preña de ego. El ojo cíclope pequeño y baboso aumenta tu cara, hasta límites lunares. El TAC-espejo viaja por tu rostro, tus poros como dedos. Introspectivo. Patas de gallo. ¡Socabones! Tengo que hidratarme. Me falta agua.
Balneario salvador, regenérame. Arruíname, pero devuélveme la juventud.
No sé a que espejo preguntarle: ¿Quién es el más joven y guapo del lugar? Mudo y cruel.
Curarse es olvidarse de sí mismo por unos instantes. Aquí es imposible. Primero te destruyen y después… el paraíso. Todo para volver a sudar.
Bajo a recepción nervioso. Quiero un tratamiento completo. No me importa lo que valga.
La mirada de la recepcionista y su voz mecánica no se apiadan de mí. No hay nada garantizado. Le condeno a una vida saludable a perpetuidad si tiene usted suficiente dinero. La salud en balneario es racista, discriminatoria. En el recibidor del hotel, dos jarras de agua te señalan tu punto de inflexión: agua con menta, agua con limón. Primero límpiate por dentro, después te abrillantaremos la carcasa. El desierto de tu cuerpo, vislumbra un oasis. Vender el alma al diablo. El diablo convertido en menta o limón. El que es la cara b de Dios. El balneario es la unión de las dos caras, la unidad completa. La iglesia de los fieles con pieles tersas y bronceadas. El eterno femenino. Aquí abajo la habitación ya no me mira. Los espejos guardan mi cuerpo en la habitación. Son los policías secretos de la salud. Confesores del yo. Cada espejo, depende de su tamaño, te puede quitar puntos.
Por exceso de carne, 5 puntos. Por poco culo, 4 puntos. Por manchas en la piel, 3 puntos. Al final te quitarán el carnet, te convertirán en la excepción.
El minibar también escupe:
“El contenido de este
Minibar puede ocasionarle
Una sed irresistible”.
Sed, agua, espejos. El agua es un espejo líquido. El espejo es la mirada de esa mujer que nunca te quiso. Te dijo que no te quería un día de sopetón y te quedaste líquido, solo. Desapareció de repente el calor de la comida, tu rincón amaestrado por los años. El espejo te devuelve un homeless, hecho harapos. Pides una limosna al tiempo, una espera a tu imagen.
Bajé a la piscina exterior, barata, reparadora, fresca y salina. El agua es una caricia líquida. Temeroso del frío, septiembre traidor, me sometí al coito acuático, mientras observaba que la barriga no sobrepasase el bañador. El agua me aceptó, y yo me acepté. Te sientes también después de la reparación por agua que ya estas preparado para el último asalto. Una gran cena derrochadora, que pondrá a prueba todos tus botones y tu vientre elástico. Después el despilfarro en el casino. La boca hambrienta del diablo. Su infierno líquido. Todo allí es acuático. Son los zapatos de cemento que te dejarán clavado en el fondo del mar, sucio y mudo. El agua bautismal ahora aliada de los espejos se vuelve cara y traidora. El espejo presiona al azar y a la suerte.
A la mañana siguiente roto y destrozado crucé el desierto del hall, mientras los guardianes-maquinas del balneario, escupidoras de agua y Acuarius, susurraban mis vergüenzas expulsándome al mundo y me devolvían a la ciudad, enfermo y convertido otra vez en un cualquiera.
Un gran cartel rezaba:
“Canjee sus puntos
Por regalos con la
Tarjeta de fidelización”. (Septiembre,2009)



